Perro

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s. m. Mamífero doméstico de la familia de los cánidos.


etimología

Palabra de origen incierto y discutido, que originalmente sólo tenía un sentido peyorativo, pero que a partir del siglo XV fue sustituyendo el término clásico "can", hoy sólo de uso culto o semiculto. Parece imponerse en los últimos tiempos la teoría que le atribuye un carácter onomatopéyico o expresivo, a partir de la imitación del sonido que hacen los perros al gruñir (prr, prr) que sería también el que usaban los pastores para incitar a los perros a mover al ganado y a éste a obedecer a aquellos.

Fuente

CB, sólo como hipótesis, y con referencia al carácter expresivo, pero no al onomatopéyico, que señalan, en cambio, la mayoría de los recursos lingüísticos disponibles en línea: http://es.wiktionary.org/wiki/perro; http://etimologias.dechile.net/?perro . También VOX la señala como "probable voz descriptiva: prrr o brrr"


Comentarios

1.- Al que prr no le parezca una onomatopeya adecuada del gruñido de los perros, que observe como se parece su sonido a brrr, usada para el gruñido humano y que sólo se diferencia en la habitual evolución de consonantes sordas a sonoras. Ciertamente, la onomatopeya más habitual para el gruñido sería hoy grrr, cambiando la consonante labial por gutural; pero debe recordarse que las onomatopeyas, que no siempre coinciden en las distintas lenguas, tampoco tienen por qué permanecer invariables en el tiempo.

Por otra parte, el origen onomatopéyico parece tener mayor eficacia explicativa que la tesis de la creación expresiva, pues no se advierte por qué el sonido de "perro" sugiere directamente la idea de este animal por el valor psicológico de alguno de sus fonemas, que es lo propio de las creaciones expresivas, si no es precisamente porque imita el sonido del gruñido canino, que es lo característico de las onomatopeyas. Además, siendo imposible documentar cómo llamaban o azuzaban a los perros los pastores en la Edad Media, resultaría arbitrario aventurar que lo hicieran precisamente con ese sonido, y no con otro cualquiera (como zuz -de donde azuzar-, o kus -de donde el catalán gos-), si no se da una buena razón para explicarlo. A este respecto, Corominas apuntala la hipótesis de la creación expresiva con la voz gallega apurrar, que significa 'azuzar los perros'; pero de este verbo puede decirse lo mismo que de "perro". En definitiva, sin rechazar totalmente la tesis de la creación expresiva (seria pretencioso rebatir a Corominas, incluso cuando éste no se muestra seguro), parece necesario acudir, al menos en última instancia, a un origen onomatopéyico.


2.- Como se ha visto, si "can" tiene una etimología sencilla, la de "perro" es endiablada, y de ello dan muestra las vacilaciones que presentan las sucesivas ediciones del DRAE.

En la vigente -la 22ª-, como en otras muchas, se omite toda referencia etimológica, y en la anterior, de 1992, se decía tan sólo que la palabra es de origen incierto, lo que, por no decir nada, es mejor haber suprimido.

En cambio, las ediciones 19ª y 20ª -1970 y 1984- se apuntaban implícitamente a la teoría de la creación expresiva sugerida por Corominas y que arriba hemos discutido, mencionando la voz empleada por los pastores, aunque no el origen onomatopéyico que aquí se le atribuye.

Pero durante algún tiempo (de 1899 a 1914, eds. 13ª y 14ª) la Academia sostuvo el origen latino que haría de "perro" un adjetivo sustantivado, a partir de la supuesta colocación del bajo latín canis petronius, donde petronius = 'rústico' y el canis petronius sería un 'perro que caza por las asperezas de los montes' (14ª) o más sencillamente un 'perro de ganado' (13ª), en este caso a partir de petro = 'carnero' (?).

Incluso, la 12ª ed. de 1884, aventura que "perro" procedería nada menos que del zendo (lengua muerta indooeuropea del norte de Persia) vehrka, que supuestamente significaría 'lobo'.

Dejando aparte, por fantasiosa e inverificable, esta última hipótesis, la teoría de la raigambre latina del término, que CB no se molesta en citar siquiera, se sostiene muy mal por razones fonéticas. En una evolución normal petro no daría "perro", sino "piedro" o algo parecido (los mismos fenómenos de diptongación y sonorización de la oclusiva sorda que transformaron petra en "piedra"). Las mismas vacilaciones al identificar el étimo (¿petro o petronius?) y al explicar el significado de la expresión latina (que no he visto documentada) evidencian la debilidad de esta teoría. Así que, por exclusión, y como diría creo que era Sherlock Holmes, descartado lo imposible, lo que queda es la verdad (provisional, claro).

De todas formas, no se acaban aquí las teorías. El Dicionário Etimológico da Lingua Portuguesa, de Antenor Nascentes (Río de Janeiro, 1955) apunta, citando a Lübke, un posible origen ibérico de la palabra (que existe en portugúes, como castellanismo), y hay que reconocer que la fonética de "perro" -suena como una palabra vasca, aunque "perro" en vascuence se dice txakurra- da una aparente verosimilitud a esta hipótesis, dada la relación hoy ampliamente admitida entre el euskera y el sustrato ibero; aunque Lübke bien podría ser un cazador de iberismos, reales o supuestos, pues Corominas descarta lapidariamente como "imposibles" las etimologías ibéricas, así como las célticas que, por lo visto, también se han propuesto.

Por último, el premio a la etimología más fantasiosa de "perro" se lo disputan a la 12ª ed. del DRAE Pacheco y Lameira, que en su Gramática Portuguesa hacen descender el término nada menos que del sánscrito parria, relacionado con el actual "paria", dándole el sentido traslaticio de ' cachorro sem dono nem casa '. Sin comentarios, aunque ésta sea la sección de ellos.


Autor

Solitarius

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