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Al abrir las puertas a la formación de compuestos del
campo de la informática con -ware, ya nadie pudo evitar que el ingenio o la
necesidad de los hablantes extendieran el terreno. Reúno aquí algunos de los compuestos
más divertidos... y útiles.
El shareware (o software en prueba) ha generado una larga estirpe, según
los mecanismos mediante los que reclama el pago... o apela a los sentimientos del usuario
que lo usa sin pagar. Por ejemplo, el guiltware (de guilt, culpa) es el shareware
que moviliza el sentimiento de culpa del usuario que ha superado el periodo de prueba.
Para mí uno de los mejores ejemplos está en el programa ThumbPlus, que muestra a
los hijos del autor sacando la lengua a quienes lo usan sin comprarlo.
Una variante simbólica del pago tras el periodo de prueba está en el postcardware
(postcard: "tarjeta postal"), que sólo exige a quien se quiera convertir
en un usuario legal enviar una postal al autor. Como dice el Hackers Dictionary,
aunque pueda parecer tonta, esta práctica sirve de recordatorio psicológico del vínculo
entre creador y usuario. También está el careware (care:
"cuidado") o charityware (charity: "caridad"), que hace
que el pago se destine, en todo o en parte, a fines caritativos.
Y entramos, por último en el terreno de las creaciones más expresivas. El crapware
es, por decirlo rápidamente, un software que es una porquería. Crap es una de las
palabras tabú en inglés para referirse a las heces. Nunca he oído ni leído un
equivalente español, pero los franceses sí que han acuñado un delicioso equivalente: merdiciel.
Próximo a él esta el blotware: blot es tanto la mancha de tinta como lo
que hace cuando cae sobre papel secante (esparcirse). Blotware son los programas
que se expanden y ocupan mucho más espacio del que justifica las funciones que cumplen:
algunos llevan peso muerto metido por los programadores iniciales ("huevos de
pascua", o sorpresas), otros instalan sin pedir permiso componentes o partes que el
usuario medio jamás utilizará... En esta época en que la memoria RAM ha bajado tanto de
precio, las empresas de software ya no se preocupan de lo que fue un imperativo básico de
la programación: la economía de recursos. También se llama fatware (fat:
"gordo"), que los franceses han traducido muy bien como obesiciel. ¿Por
qué no calcar en español "software obeso"?
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