Flor de farola

 

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transcripción

clasificación

 

 

El inventario

José Antonio Millán

 

número: 7
tamaño: 13 cm de ancho x 7 de alto
medio: mecanografiado, con adiciones mecanográficas en stripping y manuscritas
transmisión: fotocopia
lugar: pegado a una parada de autobús
localización: Madrid, Plaza de Manuel Becerra, vulgo Plaza de Roma
fecha: 11 de marzo de 1993
comentario: Véase transcripción y clasificacion de los elementos
Nos enfrentamos ahora a algo muy triste, por lo que tendremos que extremar las precauciones.

Este folio de apretado mecanoscrito con apostillas a mano contiene una vida humana, o, dicho de otro modo, todo lo que queda al final de una vida humana.

El viudo Luis, cuyo apellido nunca conoceremos, aún relativamente joven (63 años) ha redactado un documento que comienza en tono aséptico, profesional, el tono de los "anuncios por palabras" que suelen adoptar como voz pública quienes se asoman por primera vez, con timidez, al exterior (lo hemos visto también en otros casos). El anuncio comienza con la oferta de sus servicios: cualquier trabajo para hacer (manual) o cuidar a un enfermo… En suma: lo que nadie querría, el escalón más bajo de la cualificación.

Irrumpe en este momento un toque de subjetividad. El viudo Luis declara que necesita dinero para pagar un préstamo, dado que la pensión que percibe es a todas luces insuficiente. El tono se hace aquí ligeramente envarado, imita el estilo burocrático y pesado de los que mandan: "a pagar por cheque por dicho banco". Hemos encontrado también en otras ocasiones este trágico –por inútil— mimetismo.

Comienza luego lo que constituye el auténtico centro del anuncio: el inventario minucioso de sus posesiones, todas a la venta. Tras un un falso comienzo y una única concesión a lo que se estima el estilo canónico ("Particular. Vendo") arranca la lista, que ya no se detendrá hasta el final, desgranando uno a uno sus más de ciento cuarenta elementos, que agrupan casi medio millar de objetos.

Esta relación objetiva, pausada, aparentemente sistemática, despierta en la conciencia del lector una angustia honda: por lo que dice, por lo que intercala entre sus resquicios. Es a la vez un testamento y un acta: el acta de las posesiones terrenales del viudo, y por tanto de todos nosotros. Ha hecho falta que este ser desvalido se vea en la más absoluta de las necesidades para que llegue hasta nosotros este inventario de objetos muertos, innecesarios, que agobian con su peso la existencia del superviviente. Todo está ahí: desde "Un estuche de pendientes" hasta "un teléfono de pared". La carga de los desaparecidos se suma a la del presente hasta crear una montaña: "14 cajas de ropa de señora, caballero y niños", o los doscientos cincuenta elementos de cristalería (platos, vasos, copas, tazas) que acumulan polvo en los armarios.

Entre los objetos de la lista luchamos por discernir la imagen del viudo Luis: tuvo mujer, cuyas pertenencias aún –como hemos– visto perviven por la casa. Hubo algún hijo, puesto que aparecen aquí y allá juguetes de niño, pero o bien murieron, o bien ya no se ocupan de su padre, cuyas últimas posesiones sin duda no habrían permitido que llegara al extremo de vender… Los objetos, tozudos, van narrando la historia de una familia normal. Una mujer con la dedicación esperable a la cocina  y a las vanidades de la vida social (véase el despliegue de vajilla), las pequeñas distracciones "3 caja de revistas antiguas de modo de Hola y lectura". Un marido amante de las reparaciones domésticas (o tal vez tan solo condenado a las operaciones de mantenimiento del orden eléctrico y mecánico), lo que le obliga –entre otras cosas– a mantener un stock de "dispositivos de sujección".

Una familia aposentada en un entorno recargado de clase media-media o media-baja, que es un eco de usos burgueses, que a su vez son una caricatura de los lujos aristocráticos de antaño: ese despliegue de "cornucopias", "espejo biselado alrededor tallado"… ¡El peso de las cosas! Cuentan Csikszentmihalyi y Rochberg-Halton en su libro sobre las posesiones de los muy pobres cómo en ningún hogar –ni siquiera en las chabolas– faltan los objetos inútiles, adornos o recuerdos de lugares lejanos. Aquí encontraremos el "pozo de madera", la "figura con niño en un tronco".

Pero sigamos: una familia amiga tal vez de los viajes ("siete maletas"), de las salidas al campo, con todo el utillaje necesario para ello, de pocas lecturas y escasas aficiones musicales, aunque compradores sistemáticos de periódicos: uno a uno hasta alcanzar los "cuatrocientos kilos" tan exacta y meticulosamente calculados… Una familia de escasas devociones: apenas "un santo", no siquiera sabemos cuál, y unos cuadros de una Virgen, tal vez más decorativos que devotos. Una familia, por último, tan devorada por el plancton doméstico de objetos inútiles como cualquiera de las nuestras: "una vasija con cosas", "un cenicero de china que está lleno de pendientes", "mecheros".

Cabe pensar, llegado este momento, qué es lo que no vende Luis. Probablemente su cama, la mesa y alguna silla (ausentes de la lista). La relación es muy completa: apenas hay repeticiones (transistores, paellera, molinillo de café…), lo cual es meritorio para una lista tan extensa, que Luis debió de elaborar durante horas, levantándose de la máquina de escribir para hacer una comprobación, sentándose de nuevo…

Terminada la escritura, vino el momento de la revisión: con letra desbocada, ya perdido definitivamente el control de la escritura y la ortografía, añade una docena de apostillas finales: una puntualización ("mesa de televisión"), omisiones reparadas, incurre en alguna otra repetición… Luego pega una tira mecanografiada repitiendo su número de teléfono (es ya la séptima insistencia en ese dato), pero la línea, torcida y mal colocada, quedará así hasta el momento final de fotocopiado y distribución…

Si tuvo suerte –y en este contexto ya no sé muy bien qué sería tenerla– a estas alturas Luis ya habrá vendido todo, y esperará, en su piso desierto, la llegada de la próxima notificación del banco.

NOTA SOBRE NAVEGACIÓN:
El color
azul indica los enlaces interiores a la obra; el verde, los enlaces a otra parte del mismo sitio, pero que representan de algún modo un excurso o desvío, y por último el rojo los enlaces ajenos.

Última versión, 6 de julio del 2002

 

Sobre cosas y más cosas, puede verse también "La traición de los objetos"

Alguien hizo otro tipo de inventario en la web: http://mc.clintock.com

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